Actualmente, las técnicas de estudio se diseñan desde un enfoque de aprendizaje por competencias. Este método, que supera los diseños por contenidos, se deben situar en un contexto de rápida creación, difusión y acceso a la información, y en un mundo globalizado. Desde este marco de ideas, es coherente trabajar para favorecer grandes capacidades que puedan ayudar a recrear, adaptarse y actualizarse a lo largo de la vida, más que restringirse a aprender ciertos conocimientos que pueden quedar obsoletos rápidamente. 

No obstante, el diseño por competencias intenta combinar el conocimiento conceptual con el aprendizaje de técnicas, destrezas y habilidades y con el planteamiento de ciertas actitudes para el desarrollo personal y profesional. Trabajar por competencias admite interrogarse la finalidad de los conocimientos que deseamos que aprendan los estudiantes. Además, ofrecer experiencias de integración y aplicación de los conocimientos que se adquieren, para que no sólo se conozca, sino que se comprenda como hacer y ser, para que aprenda resolver problemas, tomar decisiones y enfrentar situaciones, proporcionándoles una respuesta eficiente. 
Todo ello, lo que se supone enfatizar las metodologías activas, donde hay que buscar información, seleccionar la oportuno, convertirla en conocimiento y aplicarla, con criterio, para solucionar problemas. No obstante, este tipo de diseños podría llevarnos a una confusión, a un conjunto de labores puntuales, poco relevantes y significativas que no sólo no desarrollarían la competencia, sino que expondrían al educando al riesgo de no adquirir los conocimientos necesarios para seguir aprendiendo a lo largo de la vida. De allí, la importancia de la selección de competencias sustantivas y de estrategias formativas, con soporte tecnológico, que contribuyan a su desarrollo.

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