El lenguaje se considera una herramienta del pensamiento, un medio de comunicación que abarca tanto los procesos productivos de la lengua (hablar y escribir) como los receptivos (escuchar y leer). Por consiguiente, la adquisición del lenguaje tiene una especial importancia en la Educación Inicial. Sin embargo, la lectura y la escritura son causales de muchas interrogantes e inquietudes en aquellos adultos significativos que acompañan a los niños entre 0 y 6 años en este proceso de construcción y práctica social. 

En el currículo de Educación Inicial se encierran elementos teóricos y prácticos para el abordaje de la lectura y la escritura con un enfoque constructivista social, en contraste de una práctica educativa mecanicista y conductista que se viene dando en ambientes convencionales y no convencionales, beneficiando el interés y exigencias de padres y representantes porque sus hijos aprendan a leer y escribir a través de planas y lecturas divididas.
Es indispensablemente, que a través del lenguaje los niños se inserten en el mundo y aprendan a diferenciarse de él, ya que en su desarrollo van pasando de una función afectiva e individual, a cumplir una función especialmente cognitiva y social. A través del lenguaje tanto oral como escrito, los estudiantes de educación inicial pueden expresar sus sentimientos y explicar sus reacciones a los demás, conocer distintos puntos de vista y aprender valores y normas. Asimismo, pueden dirigir y reorganizar su pensamiento, controlar su conducta, favoreciendo de esta manera un aprendizaje cada vez más consciente. 
Realmente, el desarrollo del lenguaje se inicia en los primeros contactos de la madre con el bebé en su vientre; cuando le canta o le habla, éste comienza a relacionar la palabra con situaciones placenteras. Una vez nacido y durante sus primeros meses, comienza a producir una serie de sonidos expresivos y gestos, producto de sus interacciones con el entorno. Es por ello que continuamente, en los primeros años de vida, los niños se comunican realizando juegos vocales, balbuceos, combinando sonidos en sucesión de sílabas y produciendo sus primeras palabras.
La práctica del lenguaje en diversas situaciones y contextos, en sus manifestaciones verbales y no verbales, comienza a tener intencionalidad en los intercambios comunicativos; los niños se van haciendo más activos, bajo la influencia cultural de su entorno, su vocabulario aumenta y su dominio avanza considerablemente. Crean sus primeras relaciones de palabras, sonidos, nombres, estructurando de esta manera su lenguaje; por lo que se sostiene el lenguaje del niño es aprendido en un contexto social y cultural a través de las relaciones con adultos y niños.
En síntesis, el proceso de aprendizaje se produce cuando los educandos avanzan de una escritura no convencional (palitos, bolitas, signos, líneas rectas y curvas) a una escritura cada vez más convencional. En la medida que se les permita hacerlo de manera natural y cometiendo errores, a través de estas acciones obtendrá sus propias experiencias y conocimientos acerca de lo escrito, confrontándolas con lo impreso y con las escrituras de otros. De allí que el docente como mediador debe involucrarse en todas las actividades desarrolladas por los estudiantes, de esta forma servirá de modelo en estos procesos cuando realice actos de lectura y de escritura.

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