Los tipos de enseñanza son una actividad extensiva, ya que todos los días, los docentes de todos los niveles educativos se encuentran con procesos de enseñanza-aprendizaje diferentes por el avance de la globalización. Dichos modelos están más o menos articulados y se fundamentan en teorizaciones que permiten a los educadores, con mayor o menor éxito, ejercer su profesión. Estas teorizaciones de la práctica, están articuladas difusamente y pueden obedecer a múltiples necesidades emanadas de campos completamente distintos. 

Estas necesidades no son nuevas para la enseñanza. A la par, se considera que no existe un único camino para el éxito pedagógico, ni la solución sin esfuerzo de los complicados problemas docentes, ni la descripción de la mejor forma de enseñar. No podemos entender los principios de la enseñanza como dogmas estáticos, sino como interacciones dinámicas con las metas cognoscitivas y sociales, con los procedimientos que subyacen a las teorías del aprendizaje y con las características personales e individuales del binomio docente-estudiante. 
El impulso de la educación reside en la utilización inteligente de una variedad de enfoques, adaptándolos a los diferentes objetivos y a las características del estudiante. Las competencias docentes surgen de la capacidad de acercarse a los estudiantes creando un medio multidimensional y rico. Se necesita diseñar centros de aprendizaje y curricular que ofrezcan a los educandos una variedad de alternativas educativas que nuestra sociedad necesita desarrollar creando nuevas formas de educación, nuevas oportunidades educativas que sustituyen a los métodos actuales. 
Muchas personas creen que la buena enseñanza es algo que se puede reconocer a primera vista, aunque sea difícil de explicar y razonar, propiciando la idea de que una enseñanza es mejor que otra sin más reflejos. La cuestión no es tan sencilla. Aunque los resultados de estos trabajos no sean excluyentes, no podemos afirmar la existencia de un enfoque único óptimo, seguro y de objetivos múltiples. La experiencia demuestra que ningún método conocido tiene éxito con todos los estudiantes ni alcanza todos los objetivos. 
El problema de elegir modelos adecuados de enseñanza es diferente si, en lugar de perseguir el modelo único y óptimo, se concentra en las posibilidades de la variedad de ellos que nos ofrece la experiencia. Igualmente, hemos de tener en cuenta que atender a lo personal, pero no a lo social, o a lo informativo, pero no a lo personal es algo que no tiene sentido en la vida del estudiante que progresa y aprende. Los educandos deben mejorar en todos los campos y esto no puede ser alcanzado desde un único modelo. 
Por eso, el progreso de la enseñanza consiste en el dominio creciente de una variedad de modelos y en la capacidad de usarlos con eficacia. La formación del docente debiera almacenar esta realidad y preparar a los futuros educadores en el dominio de un repertorio básico de seis u ocho modelos con los que hacer frente a sus futuras necesidades, creando en ellos la conciencia de la flexibilidad y la creatividad que debe caracterizar el desarrollo de la enseñanza. Desarrollar una recopilación de modelos equivale a desarrollar flexibilidad y competencia profesional, ya que, todo educador se enfrenta con una amplia gama de problemas, cuanto mayor sea su repertorio de modelos, más amplias y creativas serán las soluciones que podrá generar. 
La búsqueda de un modelo perfecto que resuelva todos los problemas educativos, está en contra de la realidad educativa del aula, por tanto, la existencia del modelo único por muy atractivo que este se presente a primera vista, es una utopía, ya que no hay modelo capaz de hacer frente a todos los tipos y estilos de aprendizaje, de enseñanza, de estudiantes y de los docentes.

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