La competencia lectora es una de las herramientas psicológicas más distinguidas en los procesos de aprendizaje y enseñanza. Su carácter transversal soporta efectos colaterales positivos o negativos sobre el resto de áreas académicas. En los últimos tiempos, se ha acentuado el papel de las estrategias de aprendizaje, como herramientas psicológicas que facilitan a los estudiantes el proceso transaccional lector.

La comprensión lectora hace referencia a un proceso simultaneo de extracción y construcción transaccional entre las experiencias y conocimientos del lector, con el texto escrito en un contexto de actividad. En este sentido, la construcción de la representación mental textual es un proceso abierto y dinámico, imaginario exclusivamente en el texto o en el lector, y dependiente de la relación recíproca entre las condiciones del texto, el contexto y lector. 
Uno de los modelos definibles del rol docente en la instrucción de la comprensión lectora más aceptado en la literatura científica es el desarrollo por Pearson y Gallagher. De acuerdo a estos autores el docente tiene un rol dinámico que puede desglosarse en tres fases:
1. Los docentes tienen toda la responsabilidad de la ejecución de la tarea realizando una instrucción directa; con enseñanza por modelamiento facilitan que los escolares aprendan qué, cómo, cuándo y por qué usar las estrategias de aprendizaje. 
2. El docente mediante una práctica guiada y con el andamiaje adecuado, facilita la responsabilidad compartida. 
3. El docente promueve los procesos de participación y facilitación para que el escolar vaya adquiriendo y asumiendo progresivamente mayor responsabilidad y un rol más activo y autónomo en su aprendizaje.
El autor Israel, señala que, en los primeros grados, la regulación de “los otros” conduce a la autorregulación y esta permite a los escolares desarrollar habilidades metacognitivas, si bien incluye el componente de aprendizaje co-regulado entre iguales. Según la autora, tres son las fases requeridas en la enseñanza de estrategias que, además, pueden ser vinculadas a niveles de dominio y autonomía en el uso de estrategias tal y como se refleja en el modelo de Pearson y Gallagher:
1. Los estudiantes no son capaces aún de usar de manera espontánea las estrategias, por lo que el docente debe introducir la estrategia y, mediante la enseñanza directa y modelación a través de la lectura y el pensamiento en voz alta, explicitar qué, cómo y cuándo y por qué usar estrategias en una variedad de situaciones. 
2. Tras un número considerable de experiencias prácticas, el educando es capaz de usar estrategias con práctica guiada o con andamios diseñados al efecto; también es adecuado usar el aprendizaje cooperativo para promover el uso espontaneo y autónomo en los escolares. 
3. Los estudiantes usan de manera espontánea las estrategias y comienzan a desarrollar habilidades metacognitivas, por lo tanto, la labor del docente es ofrecer más situaciones de aprendizaje y promover una mayor responsabilidad sobre la realización de la tarea en los escolares. 
En síntesis, la enseñanza en estrategias de aprendizaje debe ofrecer un contexto de aprendizaje estratégico que vaya delegando la responsabilidad y reduciendo ayuda al escolar en la realización de sus labores.

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