
Cuando un docente señala “este estudiante no aprenden…, simplemente está reconociendo su propia incapacidad o incompetencia como docente. Desde el momento que dice de sí mismo que su profesión es la docencia y acepta una retribución por enseñar, es que se supone que dispone de todo el conjunto profesional necesario para hacer que todos sus estudiantes, incluso los más negados, aprendan.
La educación se basa en esta premisa. Los estudiantes asisten a un lugar donde personas calificadas los acercarán a los aprendizajes respectivos. Esto debiera ocurrir en cualquier grado de la enseñanza infantil, juvenil o adulta. Los padres de familia registran a sus hijos asumiendo que los profesores harán adecuadamente su labor. Las autoridades, los directivos, confían en los conocimientos y habilidades de los docentes del centro escolar para que cumplan dignamente su misión en la sociedad: preparar, formar, enseñar a las futuras generaciones que la integrarán.
El rol que juegan educadores no es menor; al contrario, es fundamental. Ellos son los depositarios de los conocimientos que la sociedad en su conjunto quiere transmitir en las instituciones a sus miembros más jóvenes. Sin apelar a una suerte de apostolado ni sacrificio, los docentes cumplen un sentido específico y de suma importancia en toda colectividad. Ellos son los encargados de transformarse en un referente para los educandos que le ayuden a obtener una serie de aprendizajes que serán esenciales en su vida.