Es cierto, que son múltiples los elementos que inciden en la práctica educativa y en consecuencia que están comprometidos en su mejora. Todos ellos, son importantes. La selección de los contenidos, el tratamiento integrado de los mismos, la organización espacial y temporal, los materiales y recursos didácticos, la vinculación o la proximidad entre las actividades y los intereses del estudiante, la función social de las labores, la diversidad del educando, los ritmos y modos de aprender, la organización del docente para dar respuesta a todos estos aspectos, el trabajo en equipo, las altas expectativas o el fomento del deseo de aprender.

Pero, ¿En qué espacios de trabajo abarca la práctica didáctica?
Algunos expertos coinciden, en distribuir los ámbitos de reflexión sobre la práctica didáctica en seis apartados. Los cuales, parecen ser una clasificación coherente que facilita la labor docente. Entre ellos tenemos: 
  1. Motivación del Estudiante
  2. Tratamiento de la Diversidad
  3. Protagonismo del Estudiante
  4. Actividades de Aula
  5. Evaluación
  6. Programación
En la perspectiva de una institución educativa más eficaz para todos, organizar y animar situaciones de aprendizaje, ya no es un modo superficial y complicado de definir, lo que hacen de manera espontánea todos los docentes. Esta expresión hace insistencia en la voluntad de elaborar situaciones didácticas óptimas, incluso y en primer lugar para los educandos que no aprenden escuchando lecciones.
Conocer, a través de una disciplina determinada, los contenidos que hay que enseñar y su traducción en objetivos de aprendizaje. La verdadera competencia pedagógica consiste en relacionar los contenidos por un lado con los objetivos, y por el otro lado, las situaciones de aprendizaje. Esto no parece necesario cuando el docente se limita a recorrer, capítulo tras capítulo, página tras página, el texto del conocimiento.

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