LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL | DOCENTES 2.0

Actualmente, vivimos en un sistema global que histórica y estructuralmente beneficia la persistencia de las injusticias y las desigualdades, manifestadas en pobreza y exclusión social de grandes sectores de la sociedad. Y, la educación no puede apartarse de ese dolor y a las desigualdades que está generando el sistema. De hecho, es una de las herramientas más poderosas para luchar contra la pobreza, la desigualdad y la injusticia, ofreciendo un espacio privilegiado para la formación de ciudadanos críticos, capaces de dar respuestas éticas a estos desafíos. 

No obstante, la concepción de la educación actualmente predominante refuerza la globalización neoliberal, actuando como una eficaz herramienta para mantener el sistema económico vigente, basado en el individualismo y la competitividad. La respuesta a esta globalización neoliberal, es educar con conciencia de interdependencia global, actuando desde lo local; es decir, articulando ambas perspectivas en un espacio de convergencia que diluya las divisiones entre lo propio y lo ajeno, y exprese la necesidad de que la búsqueda del bien personal contribuya al bien común y viceversa. Toda la sociedad educa y toda la sociedad se beneficia de la educación, porque es el instrumento fundamental para construir sociedades más justas, más cohesionadas, más democráticas y participativas. Un pueblo educado es más consciente y comprometido con el bien común. Por eso, además de un derecho y una responsabilidad compartida, es un bien público. 
Por ello, no sólo es fundamental el acceso universal a una educación de calidad en todos los niveles, sino que ésta debe generar conciencia de ciudadanía global, de pertenencia a un solo mundo en el que todas las personas encuentren un lugar digno en el que disfrutar de sus derechos. Rescatar los conceptos de solidaridad, justicia y respeto e incluirlos en los planes educativos contribuirá a construir una escuela inclusiva, respondiendo a una concepción de la educación como servicio a la comunidad. 
El docente juega un rol imprescindible y central en la promoción de un nuevo modelo educativo más humanizador y transformador. Su trabajo cotidiano en clase constituye en sí mismo una acción política, ya que transforma las creencias, valores y acciones del estudiante. Ello requiere un fuerte compromiso ético, que transciende el ejercicio de la profesión en sí misma y lleva a reflexionar sobre la finalidad y el sentido de la educación, en un debate que abarca la perspectiva social, curricular, organizativa y profesional. 
Esto no se puede lograr sin un ejercicio de formación y autoformación constante, y sin aprovechar los hallazgos que desde las investigaciones actuales arrojan elementos para mejorar la práctica educativa. Una formación que se aleja del proceso de mercantilización de la formación pedagógica, basada en la investigación-acción y el intercambio de experiencias, en la línea de los movimientos de renovación pedagógica y coherente con el modelo educativo que proponemos. 
En síntesis, un sistema de conocimiento separado, compartimentado y especializado ya no sirve para entender los problemas que son cada vez más transversales y transdisciplinares. Necesitamos superar un pensamiento tecnocrático que separa y divide, para promover un pensamiento global que capacite a los estudiantes para organizar la información dentro del contexto en el que se encuentran, que posibilite una visión interdependiente de las cosas que les pasan y del mundo.