Las nuevas formas de transferencia del conocimiento científico surgen como respuesta a la necesidad de acortar la brecha entre la producción académica y su impacto social, económico y cultural. Este enfoque trasciende el modelo tradicional de difusión basado exclusivamente en publicaciones especializadas. La transferencia se concibe como un proceso dinámico, bidireccional y contextualizado. El conocimiento deja de circular únicamente entre pares académicos. La ciencia se abre a múltiples actores sociales. La investigación dialoga con la práctica. La utilidad social del conocimiento se vuelve central. La innovación se acelera. La comunicación científica se diversifica. La ciencia se conecta con la realidad.
Desde un marco conceptual, la transferencia del conocimiento integra perspectivas de la ciencia abierta, de la innovación social y de los estudios de impacto científico. El autor Nowotny (2021) sostiene que el conocimiento adquiere valor cuando se produce en interacción con la sociedad. La frontera entre la ciencia básica y la aplicada se difumina. El investigador participa en redes de colaboración ampliadas. El conocimiento se co-construye. La transferencia no es un acto final, sino un proceso continuo. La investigación se orienta a problemas reales. La interdisciplinariedad se fortalece. La producción científica se contextualiza. La ciencia se vuelve reflexiva. El impacto se redefine más allá de la mera citación.
Entre las ventajas de estas nuevas formas de transferencia, destaca el aumento del impacto social y de la legitimidad pública de la ciencia. Estudios recientes de Bornmann (2022) evidencian que los modelos abiertos y colaborativos amplían el alcance del conocimiento científico. La sociedad accede a resultados comprensibles. La innovación se democratiza. El conocimiento se reutiliza. La colaboración intersectorial se fortalece. La investigación gana visibilidad. La pertinencia social se incrementa. La ciencia contribuye a la toma de decisiones. El valor público del conocimiento se reconoce. La relación ciencia-sociedad se fortalece.
Las desventajas actuales se relacionan con la dificultad para medir el impacto real, la sobrecarga comunicativa y la posible trivialización del conocimiento científico. La transferencia mal gestionada puede simplificar en exceso los resultados complejos. Autores como Watermeyer (2021) advierten sobre la presión institucional para demostrar un impacto inmediato. El rigor científico puede verse comprometido. La calidad de la mediación resulta crítica. La comunicación requiere competencias específicas. La evaluación académica no siempre reconoce estos esfuerzos. La transferencia puede volverse instrumental. La ética comunicativa adquiere relevancia. El equilibrio entre rigor y accesibilidad es necesario. La ciencia debe proteger su integridad.
El rol del investigador en la transferencia del conocimiento se redefine hacia funciones de comunicador, mediador y gestor del impacto científico. El científico interactúa con diversos actores. Bozeman (2022) destaca que la transferencia efectiva requiere competencias transversales. La comunicación científica se profesionaliza. La planificación del impacto se integra en el diseño del proyecto. La investigación se concibe con proyección social. La colaboración se vuelve estratégica. La reflexión ética se intensifica. La responsabilidad social del científico se amplía. La identidad investigadora se complejiza. La ciencia se humaniza. El conocimiento se comparte conscientemente.
Entre las herramientas de inteligencia artificial que facilitan la transferencia del conocimiento científico se encuentran los sistemas de resumen automático, la visualización de datos, los asistentes de escritura científica y las plataformas de ciencia abierta con recomendación algorítmica. Herramientas como Scite, Elicit, ResearchRabbit y Tableau AI permiten traducir resultados complejos a formatos accesibles. Estudios como el de Van Eck (2023) señalan que estas tecnologías amplifican la comunicación científica. La IA apoya la síntesis. El investigador valida el contenido. La narrativa científica se adapta al público. El conocimiento se visualiza. La transferencia se acelera. La accesibilidad se incrementa. La ciencia se comunica mejor.
La institucionalización de nuevas formas de transferencia exige cambios en los sistemas de evaluación académica y en las políticas científicas. Sin incentivos adecuados, la transferencia se percibe como una actividad secundaria. Autores como Hicks (2022) proponen indicadores responsables que reconozcan el impacto social. La evaluación se diversifica. La ciencia abierta se consolida. La colaboración se fomenta. La transparencia se fortalece. La gobernanza del conocimiento se actualiza. La ética científica orienta el proceso. La calidad se mantiene como principio rector. La transferencia se integra a la misión universitaria. El conocimiento se concibe como un bien común.
En síntesis, las nuevas formas de transferencia del conocimiento científico redefinen la relación entre la investigación y la sociedad. Este enfoque amplía el alcance del saber sin renunciar al rigor académico. Stirling (2023) enfatiza que el conocimiento cobra sentido cuando circula de manera responsable. La ciencia no se empobrece al abrirse. La inteligencia artificial potencia la difusión, no el contenido. El juicio científico sigue siendo central. La transferencia se convierte en un acto ético. La investigación gana relevancia social. La ciencia se fortalece en el diálogo con la sociedad. El futuro del conocimiento es colaborativo.
Referencias
Bozeman, B. (2022). Technology transfer and public value. Research Policy, 51(1), 1–12.
Bornmann, L. (2022). Measuring impact in research evaluation. EMBO Reports, 23(4), 1–5.
Hicks, D. (2022). The Leiden Manifesto revisited. Nature Human Behaviour, 6, 1–6.
Nowotny, H. (2021). In AI we trust: Power, illusion and control of predictive algorithms. Polity Press.
Stirling, A. (2023). Pluralizing progress. Research Policy, 52(2), 1–14.
Van Eck, N. (2023). Visual analytics for scientific knowledge. Scientometrics, 128, 1–19.
Watermeyer, R. (2021). Impact in the REF. Higher Education, 82, 1–17.







