Para los docentes, y cada vez más para la sociedad en general, educación y escolaridad son conceptos diferentes y si bien es verdad que la institución educativa juega un papel indiscutible en la sociedad actual, también es verdad que la educación se nutre de procesos educativos no formales e informales que van mucho más allá de la institución, y de la práctica de los profesionales en el aula. 

Con esto nos referimos a la idea general de educación permanente, al sentido propio y profundo de la sociedad de la información, a las redes internacionales de comunicación, a la fuerza de las organizaciones de voluntariado, a la actuación de los padres y a las academias que imparten formación para profesiones y ocupaciones para las que el Sistema no dispone de un modo adecuado de tratamiento. 
Pero realmente, la escolarización, sea pública o privada, es la forma típica de organización de la educación en la sociedad actual y es el medio más estandarizado de socialización. Tanto es así, que incluso se ha llegado a suponer con gran predicamento que el tiempo dedicado a explicar una materia determinada está en proporción directa con lo que el estudiante logra aprender. Según ese supuesto, un incremento del 50% de los estudios para el desarrollo de destrezas, hábitos, actitudes y conocimientos; cada vez es más experimentada como una jornada continua; cada vez más evidentes los límites a la capacidad de cada uno de motivar a los educandos para cada tema y la limitación de cada estudiante para interesarse por cualquier tema. 
El fenómeno de la escolaridad, sea pública o privada, lleva implícita una línea de tendencia que suscita, cuando menos, preocupación general desde la perspectiva del capital humano:
1. Los porcentajes de crecimiento de la asistencia escolar son explosivos en países desarrollados y subdesarrollados
2. El desarrollo acelerado del saber tiene connotaciones negativas para la cualificación profesional. 
3. El sistema escolar en su conjunto juega, entre otros, el papel de una oficina de selección y empleo. 
4. Cada vez es mayor el grado de insatisfacción, frustración y descontento. 
Una cuestión fundamental en el debate actual de lo público y lo privado es relativizar el problema, subsumiéndolo en sus anclajes reales, que siempre van más allá de los recortes que cada uno puede permitirse como licencia intelectual a la hora de construir la disertación. La pregunta permanente, es la siguiente: ¿Cómo explicar la continuidad de los problemas, a pesar de tantos cambios institucionales en los planes educativos?

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