RESULTADOS EN EL AULA, CUANDO LA PSICOLOGÍA SE OCUPA DE LOS RESULTADOS Y NO DE LOS PROCESOS

Los sistemas educativos tienen una fuerte resonancia en las concepciones positivistas que en psicología se conocen como conductismo, neoconductismo y cognitivismo en algunas de sus expresiones. Esta representación se identifica con aquellas ofertas educativas generalizadoras y que pocos casos hacen a la singularidad (personal, familiar, social, institucional, entre otros.) que de hecho es indispensable reconocer en los estudiantes.

Estos progresos pedagógicos muy cercanos a los que algunos autores llaman “pensamiento único” han valorado las diferencias individuales como un obstáculo. Gran cantidad de estudiantes puestos en posición de fracaso en realidad son víctimas de proyectos pedagógicos que desconfían de la diversidad y se alimentan de desactualizadas concepciones psicológicas, que, sin embargo, en lo real se mantienen plenamente vigentes. Esta concepción atenta, por cierto, contra ese principio básico que suscribimos sin reservas que es la igualdad de oportunidades.
Como consecuencia, de esta especie de opresión e imperialismo conceptual que tuvo una significativa influencia en los circuitos académicos internacionales que deciden políticas educativas, los sistemas y las instituciones educativas han padecido la falta de autonomía y flexibilidad necesaria y como consecuencia de ello han surgido legiones de educandos en posición de fracaso escolar.
Esto quiere decir, que las herramientas y aplicaciones difundidas y utilizadas en las circunscripciones escolares para descifrar y orientar los comportamientos de estos grupos etarios tienen un escaso potencial y es necesario problematizarlas y reconstruirlas. Los procesos de subjetivación están influidos por nuevas configuraciones familiares, por la fuerte expansión de una cultura tecnológica y comunicacional, por los procesos de exclusión laboral y social, por la crisis de los modelos de paternidad, por los procesos correlativos de adultización prematura y de adolescentización tardía, entre otros. Tales influencias resultan también fuertemente sobre los estilos de aprender que no pueden ser explicados acabadamente desde las teorías clásicas del aprendizaje y que están vinculadas con algunas vertientes de las Psicologías cognitivas o los enfoques comunicacionales.
De tal manera, el saber sobre estudiante será tan solo uno de los aportes posibles que la psicología realice a la educación que deseamos. Desde la década de los 80 comenzaron a concretarse un buen número de investigaciones psicológicas que tomaron al docente como objeto de estudio; a partir de los conocimientos obtenidos es factible promover el logro de mejores conquistas educacionales.