EL PROCESO DE ENSEÑANZA – APRENDIZAJE EN LA EDAD ADULTA

La característica principal de la sociedad actual es el cambio y la rapidez por el avance de la tecnología. La ciencia y los procesos avanzan con una rapidez increíble. Un ejemplo muy sencillo es, que todavía no nos hemos acostumbrado a un determinado avance tecnológico, cuando ya surge otra novedad que debemos asumir para no quedarnos fuera desfasados en el terreno laboral y social.

Por lo tanto, las personas adultas no tienen suficiente conocimiento con lo aprendido en la niñez y la juventud, como, además, no tienen otra vía que actualizar sus conocimientos constantemente para poder ser competentes en su trabajo y en las relaciones con sus hijos, familiares, amigos y con la sociedad en general. Sin embargo, la mayor parte de los sistemas educativos no proveen respuesta, al menos no de forma suficiente, a las necesidades de educación que los adultos tienen para poder dar un adecuado argumento a la sociedad cambiante en la que viven. 
Realmente, el problema base es que la educación, a diferencia de épocas anteriores, no gestiona las enseñanzas en relación a unas bases de conocimientos muy bien conocidas y afianzadas durante años, sino que deben adaptarse constantemente a un cambio continuo, los que puede dar lugar a situaciones imprevisibles. 
Pero, realmente ¿Cómo aprenden los adultos? En los institutos de educación superior y centros de formación para adultos existe la directriz errónea de querer aplicar la misma metodología en la formación de personas adultas que en la enseñanza escolar o secundaria, sin tener en cuenta una serie de diferencias importantes existentes entre la forma de aprender de niños o adolescente y los adultos.
Estas diferencias pueden resumirse de la siguiente manera:
1. El dominio de habilidades y estrategias de aprendizaje.
2. La motivación e intereses personal.
3. El perfil psicológico.
4. La tipología fisiológica del cerebro.
5. La disponibilidad para el estudio.
Por lo tanto, a la hora de enseñar a una persona adulta el docente debe tener muy en cuenta los siguientes factores:
6. El tiempo que lleva sin realizar ninguna acción formativa.
7. Las posibles dificultades procedentes de la falta de recursos, habilidades y estrategias para aprender.
8. La falta de hábito de estudio.
El adulto esta siempre en una búsqueda constante, de la utilidad y la aplicación práctica de la formación. En el caso, de que tenga la sensación de que aquello que aprende no le sirve, se desmotivará, desviará su interés y dejará de aprender. Es posible, que realice la formación en condiciones difíciles: cansancio, con preocupaciones laborales y familiares. Por lo general, la formación no es el aspecto principal de la vida de un adulto.
Entre los aspectos que debe tener en cuenta el docente, en el aprendizaje de un adulto, son: 
1. Motivarlo a establecer nuevas estrategias de aprendizaje y otorgarle aquellas habilidades y técnicas de estudio necesarias que le ayuden a organizar y construir su proceso educativo.
2. Establecer cuáles son los objetivos que se desean alcanzar.
3. Armonizar los aspectos teóricos con los prácticos, relacionando lo abstracto con lo preciso y cotidiano.
4. Hacer énfasis a la parte práctica, concreta y útil de las enseñanzas.
5. Establecer relaciones entre lo que aprende y la aplicabilidad en el área laboral.
6. Crear un clima de confianza y entendimiento entre el docente-estudiante.
7. Estimular y motivar, valorando el sobre esfuerzo realizado por el estudiante adulto para aprender.
En síntesis, muchas personas mayores temen que su capacidad de aprender, pero realmente, la dinámica cerebral se incrementa con los años por lo que se posee una mejor capacidad de análisis y de resolución de problemas. Estudiar permite ejercitar la plasticidad neurológica con más eficiencia, ya que estimula la creación de conexiones neuronales encargadas del aprendizaje.

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