La mayoría de los docentes, siempre comentan que mantener una clase en silencio no siempre es fácil. Cuando se trata de varios estudiantes juntos es familiar escuchar ruidos, gritos y comentarios; realmente mantener el silencio puede convertirse en un auténtico reto.

No obstante, mantener una clase en silencio es posible. Educar a los educandos para que desarrollen estrategias de autorregulación y comprendan que mantenerse en silencio respetando el turno de hablar, es un ejercicio de respeto hacia los demás que beneficia la convivencia y fomenta la escucha, la reflexión y el aprendizaje.
Cuando de estudiantes pequeñas se trata puede ser muy complicado mantener una clase en silencio. Al parecer que todos quieran hablar, comentar, y este impulso de expresarse se manifiesta en gritos y barullo incontrolable. 
Es normal que los niños de corta edad tienden a ser escandalosos. Las características de la etapa de desarrollo por la que pasan explican esto. Están inmersos en un momento clave del desarrollo del lenguaje y de la comunicación, están en la etapa de adquirir una herramienta poderosa el lenguaje. Sus ganas de expresarse no tendrán límites, es normal que tengan necesidad de hablar y de expresarse. Su pensamiento se caracteriza por ser egocéntrico. Les cuesta ir más allá de ellos mismos, por lo tanto, se preocupan más por hablar que por escuchar a los demás.
Finalmente se debe señalar, que están en pleno desarrollo moral. Les costará entender el sentido de las normas, más que como una obligación. Es significativo ir más allá y hacerles ver que las normas tienen un sentido y qué son importantes para la convivencia.
Para mantener una clase en silencio es esencial establecer la norma. Pero se debe ir más lejos y lograr que los educandos se comprometan con la obediencia de la misma, que comprendan el sentido de la norma y que aprendan a valorar el silencio como forma de respeto, de reflexión y de aprendizaje. El propósito es que los estudiantes desarrollen estrategias que les permitan autorregular su conducta y puedan respetar así los momentos de silencio y los turnos de palabra.
¿Cómo se puede mantener una clase en silencio de forma lúdica?
Realmente, esto implica a los educandos con la norma. Para lograrlo, no solo que cumplan la norma, sino que la entiendan y se comprometan, es importante envolverlos en la misma y ayudarles a entenderlo. Para ello, el educador debe explícales por qué es importante mantener el silencio, hazles saber cuándo tienen que estar en silencio y cuando pueden hablar.
El empleo del juego en el aula de clases, es una alternativa muy efectiva y a la vez positiva. Pueden plantear algún juego para que entren en sus estrategias de regulación. Por nombrar alguno:
1,2,3 silencio. En este juego vamos a permitir que los estudiantes griten, se muevan, comenten, con o sin sentido. Todos a la vez, sin entendernos. Pero deberán estar atentos a la instrucción 1,2,3 silencio. Cuando escuchen la instrucción todos deben mantenerse en silencio. Nos preparamos para el silencio. En esta dinámica les explicamos el valor del silencio para la reflexión y para la comunicación. Antes de mantenernos en silencio nos relajamos, para ello les mostramos una serie de indicadores que deberán seguir para llegar al silencio: respirar profundo, sentarnos, cruzar los brazos, cerrar la boca y abrir los oídos para escuchar. 
Cuando llegue el momento de mantener una clase en silencio, el docente podrá emplear algo de lo aprendido, en la dinámica anterior. Al escuchar la orden deben mantenerse en silencio y aquellos que les cueste pueden seguir las instrucciones que les lleven al silencio.
Pero, se debe tener presente que el docente debe deja que tengan sus momentos para expresarse. Es importante que los dejes cubrir esta necesidad. Puedes dejar un momento al comienzo de la clase para que, respetando el turno de palabra, se expresen. También dejar durante determinadas actividades o momentos que hablen.

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