✍DIDÁCTICA TECNOLÓGICA O TECNOCRÁTICA | DOCENTES 2.0

Hoy en día, al reflexionar sobre la creación de la institución educativa nos lleva a una mirada iluminista y enciclopedista, la cual ha sido una herencia truncada del siglo XVIII. Durante muchos años se consideró al estudiante como una persona pasiva y el docente era quien poseía todo el conocimiento y cumplía función de transmisor. Además, el aprendizaje se alcanzaba por memorización y repetición, en un acto de autoridad en sentido vertical.

En la actualidad, la tecnología educativa ha ejercido una fuerte influencia en las instituciones educativas de todos los niveles educativos. Además, ha sido concebida como el conjunto de procedimientos, métodos, técnicas e instrumentos procedentes del conocimiento, constituidos sistemáticamente en un proceso, para adquirir efectos o resultados educativos de manera enérgica y perdurable en el tiempo. De modo que, en el modelo tecnocrático, la acción de educar está unido a las evidencias científicas. Es una pedagogía al servicio de los objetivos relaciona con el entorno y fines. Las destrezas en la evaluación tienen como finalidad diagnosticar hasta qué punto el educando ha adquirido el conocimiento.

De acuerdo con el autor Chadwick (1979), este enfoque relaciona los procesos de enseñanza-aprendizaje a una labor instruccional, capaz de acreditar y amplificar las competencias para formarse de manera más práctica, efectiva y vertiginosa que la educación tradicional. Su propósito es ceder la información en manera clara, descifrable y factible, de tal manera que coexista fácilmente en situaciones de aprendizaje. Además, educar dejó de ser labor del docente para transformarse en un rol de expertos en currículo, pedagogía y didáctica.

Desde esta perspectiva la gestión de los procesos de enseñanza-aprendizaje se redujo al diseño instruccional y actualización de programas escolares, bajo nuevas estructuras pedagógicas que instauran los objetivos, contenidos y estrategias. De este modo, el docente concibe sus actividades desde lo normalizado en el programa. Además, la técnica curricular solicitó el manejo de equipos e instrumentos audiovisuales para expandir la enseñanza y el aprendizaje.  Sin dudas, el objetivo del programa se alcanza por medio de la firmeza y seguridad del docente.

En la educación tecnocrática, el educador debe examinar previamente el programa, crear planes de trabajo y de evaluación. Se trata de reforma lo establecido en los programas establecidos por las instituciones y ofrecer un punto de vista pedagógico más vinculado con las características de los estudiantes; en otras palabras, readaptar el programa a las situaciones escolar existentes. De esta forma, Hurtado señala que con la ayuda de los diseñadores instruccionales se pudo atender más estudiantes en las aulas, la enseñanza es más efectiva y práctica. Además, se incrementó “…la responsabilidad del profesor en lo que se refiere a la necesidad de conocer el proceso de la enseñanza y mejorarlo” (1980, p. 14). La evaluación tecnocrática actúa como un registro de los aprendizajes y está suscrita al sentido instrumental, versado, procedimental y experiencial a través de una planificación metódica, constituida y organizada fundada en el qué, cómo, por qué y para qué evaluar los procesos de enseñanza-aprendizaje.

En síntesis, la evaluación en la didáctica tecnológica o tecnocrática da un salto desde la subjetividad del docente a la estimación cuantitativa. Para Sosa (1980), esta manera de evaluar aportó al docente una configuración como inspector del rendimiento del estudiante, en forma ordenada, metodológica y establecida, para valorar la exposición del dominio conceptual adquirido. Por ende, esta evolución en la educación simbolizó una significativa aportación para transitar de la medición subjetiva a la medición instrumental. Desde este enfoque, evaluar pasó a ser un mecanismo factible, desde donde se puede considerar el rendimiento escolar en manera objetiva, axiomática y real.

 

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